Solsticio de Invierno

Durante el tiempo que me ha costado editar esta nueva entrada, hemos caído en el día del Solsticio de Invierno en el Hemisferio Norte del planeta Tierra, donde yo me encuentro en estos momentos.

Para quien no esté al tanto de lo que esto quiere decir, señalar que el año se divide, desde el punto de vista astronómico en dos partes: una que comienza en el Solsticio de Invierno (tal como ahora, hacia el 21 de Diciembre de cada año) y acaba hacia el 21 de Junio, Solsticio de Verano; y otra que se inicia en el Solsticio de Verano y finaliza en el Solsticio de Invierno. Para leer algo más sobre este fenómeno, por ejemplo, podéis entrar en esta página.

¿Y eso qué?, preguntarán muchos. Pues para responder a esta pregunta, utilizaré el saber que encierra la Astrología. En la ciclicidad del año, hay dos grandes etapas: una en la que el Sol, nuestro astro rey, inicia su reinado sobre la faz de la Tierra, y le dice al Imperio de las Tinieblas allí a finales de Diciembre… “aparta que voy…”.

Y es que desde el punto de vista energético, es un momento del año crucial de advenimiento de un nuevo ciclo, de un renacimiento de la vida (que estaba “oculta” en medio de la Naturaleza). Y no es coincidencia que el cristianismo pusiera a finales de Diciembre la fecha del nacimiento del Cristo. Son unas fechas en las que los antiguos pobladores de la Tierra, adoradores del Sol como astro rey, celebraban la nueva venida de su Poder.


Esta etapa de crecimiento del Sol toca a su fin cada año, como decía anteriormente, hacia el 21 de Junio, fecha coincidente con otra celebración cristiana que tiene conexión con ritos anteriores a nuestra religión oficial: San Juan y las hogueras. Es la fecha en la que se celebra el poderío del fuego (del Sol), capaz de quemar lo que no sirve, lo que deseamos apartar de nosotros, para afrontar la nueva etapa que nos acercará a la oscuridad de nuestro interior…


Es curiosa la correspondencia del Solsticio de Invierno con el finalizar y el comenzar un nuevo ciclo, y lo que se viene oyendo y leyendo por doquier sobre el 2012 y su Solsticio de Invierno. En esa fecha el calendario maya da por terminado todo un ciclo temporal de 5.125 años, el ciclo de la civilización actual, pero también se completa otro de unos 26.000 años… (demasiado para mis pobres neuronas hacerme una idea de toda esa cantidad de tiempo).


El caso es que estamos viendo cómo esa fecha “fatídica” se ve envuelta entre ideas de destrucción, catástrofes…, pero eso no tiene razón de ser. En absoluto. Los mayas no dijeron eso sino que se acababa un ciclo…, para abrirse otro. Es interesante observar cosas como las que nos muestran cómo ya mismo, desde el centro de la Galaxia (la Vía Láctea), están emitiéndose una gran cantidad de radiaciones (X y Gamma) que abarcan unos 25.000 años luz hacia el lado “superior” y otros 25.000 años luz hacia el lado “inferior”, para hacerme entender. Justamente cuando nuestro Sol está acercándose, metiéndose literalmente, diría yo, en el plano central de la galaxia…


Acabo de recibir un mensaje de mi amiga Lourdes (gracias por compartir) en el que se da cuenta de lo interesante de aprovechar este Solsticio de cara a favorecer un proceso de desarrollo, de transformación del Ser Humano y de la Tierra. Y es que este proceso del 2012 no es algo que ocurrirá en esa fecha del 21 de Diciembre, no.

En todo proceso astrológico (y astronómico también, claro está), debe tenerse en cuenta lo que se conoce como “orbe”, que es el tiempo en el que un fenómeno causa interferencia en el observador del fenómeno. Y en los procesos que duran miles de años, su orbe, cuando menos, son unos cuantos años (10, 20, 50…). Eso quiere decir que estamos viviendo ¡¡¡YA!!! el fenómeno del 2012.

¿Y cómo sería interesante vivirlo? Pues, lo más conscientemente que podamos… Actualmente sabemos, a través de la mecánica cuántica y de sus posteriores desarrollos, que el observador marca la realidad desde su posición de observador. Creamos, todos nosotros, la realidad que estamos viviendo y la que vamos a tener que vivir.

Recientemente escribí una entrada que hablaba sobre esto mismo, y es que es algo que está entre nosotros, lo veamos o no, seamos conscientes de ello o pasemos por alto dicho fenómeno. ¿Cómo sería interesante vivirlo?, pregunto de nuevo: intentando vivir en presente el estado que me gustaría vivir tras ese cambio.


¿Cómo hacerlo? Ya hay experiencias compartidas por todo el mundo que centran su atención en estas fechas… Una forma sería sentarnos en un lugar tranquilo, sin ruidos ambientales, solos o en compañía, pero en silencio. Y desde ese contacto íntimo con nuestro Ser, seamos creyentes o no, da lo mismo…, emanar desde nuestro corazón todo el amor que seamos capaces de vivir. Podremos utilizar recuerdos de situaciones ya vividas o si tenemos capacidad de visualizar, podremos construir un mundo idílico a nuestro alrededor. No se trata de generar un pensamiento, aunque eso sólo ya sería interesante, constructivo, sino de emitir vibración emocional (mucho más potente en campo electromagnético que el pensamiento) utilizando frecuencias amorosas, la mayor fuerza sanadora de todo lo que podamos experimentar…

Si somos capaces de mantenernos unos minutos en esa sintonía, habremos puesto nuestro granito de arena en este proceso colectivo de transformación. Evidentemente, si al día siguiente salimos a la calle cargándonos a quien se nos cruce por el camino…, no habrá servido de mucho (je-je), pero sí que nos puede quedar ese regustito de sentirnos bien dentro de nosotr@s mism@s para seguir poniendo granitos de arena cada día (o cuando nos acordamos o nos apetezca…), a la espera de que el Ser Humano “despierte” de su amnesia colectiva en esta vida que “nos han construido” para ser esclavos cuando, en realidad, somos de la misma esencia lumínica que ese gran astro que un día de estos, año tras año, comienza su ciclo de Poder.

Salud para ti y los tuyos.

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