¿Revista de Salud?

ORTOREXIA

(imagen tomada de aquí)

Ya perdonaréis mi tardanza en la actualización del blog pero la vida me pide atención a otros escenarios, con lo que mi tiempo disponible a esta actividad se ha menguado drásticamente. Voy a comentar en esta entrada algo que me ha dejado no atónito, porque ya uno tiene canas, experiencia en este tipo de cosas, pero sí me ha corroborado mi percepción de por dónde anda la actualidad en el abordaje de la salud y la enfermedad en este mundo "moderno".

Acabo de echar un vistazo a una revista que, de cuando en cuando, llega a mi buzón de correo postal en mi consultorio. Tiene como título “Salud & Bienestar”. Por su formato y contenidos, se ve que es una revista de función divulgativa para el gran público en temas de salud en general.

El primer artículo que leo en el ejemplar nº 73, durante un viaje mañanero en tren, me llama tanto la atención que restriego mis ojos adormilados, para constatar que estoy despierto y que lo leído no está producido por mi estado sino que, realmente, es lo que está escrito en la revista.

Como es cortito, lo trasplanto entero para que os hagáis idea de cómo van las cosas y por dónde se está intentando “educar” al personal. La única modificación que me he permitido realizar es dividir el párrafo en tres, dado que así me resulta más atractivo de leer.

El título de la noticia es: “Cuando comer sano se convierte en obsesión: ortorexia”…, y reza así:

Aunque aún no ha sido reconocida por la comunidad internacional, la ortorexia responde a un trastorno alimenticio que consiste en la obsesión de consumir alimentos de tipo ecológico. El objetivo no es bajar de peso sino mejorar la salud a través de la calidad de los productos.

Se trata de una patología que es difícil de detectar, ya que aparentemente se muestra como un hábito de alimentación saludable, pero encierra una obsesión en planificar las dietas durante horas o incluso de recorrer varios kilómetros para conseguir un determinado alimento.

Esta patología puede llegar a derivar en una malnutrición, dado que se dejan de consumir determinados alimentos esenciales."

Sin comentarios… Bueno, pues sí que voy a comentar. No me puedo callar ante este tipo de situaciones. Realmente, me ha dejado helado el procedimiento de tildar de trastorno y patología algo que puede ser considerado como un intento loable de comer sano. Observad la intención de unir el término “ecológico” con “patología”.

Es evidente que toda conducta, en el comportamiento humano, está sujeta a la idoneidad, a su inclusión dentro de unos márgenes de tolerancia, aceptables por el conjunto de la sociedad. Esto es así, pero también forma parte de la realidad humana el hecho de que la humanidad va cambiando, evolucionando, y que el comienzo de todo cambio va ligado a la molestia que siente la estructura social, reposada, anclada en el paradigma anterior.

Estamos asistiendo a un intento de medicalizar absolutamente todo. Cualquier situación o conducta humana puede ser expuesta como un trastorno…, que luego será “convenientemente tratado” con el fármaco oportuno.

 

(imagen tomada de aquí)

 

El “libro gordo de Petete”, en este tipo de casos, es el llamado DSM, un libro que va por su quinta edición, cuyos contenidos están acordados por la asociación de psiquiatras americanos, y que va aumentando su grosor en una progresión que da miedo pensar el tamaño que adquirirá en su edición nº 10, si es que antes no ha ocurrido una revolución cultural adecuada, correctiva y actualmente necesaria, para poner sentido común en el tema salud/enfermedad, sobre todo en las temáticas psíquicas.

Uno de los ejemplos flagrantes de este sinsentido médico es el caso del llamado trastorno de déficit de atención, con o sin hiperactividad (el conocido por sus siglas “TDAH”).

Es el ejemplo de cómo una conducta de unos niños que vienen al mundo con unas características de mayor necesidad de movimiento libre y de atención por parte de los padres y del mundo adulto que les rodea, se convierte en un problema ante el que la sociedad (¿miope?, ¿interesada?) contraataca.

Y el procedimiento empleado en este contraataque es la medicalización despiadada de estos niños. La finalidad perseguida, a mi modo de entender, es que “no molesten” y no hagan lo que tienen que hacer en su fase adulta: remover la sociedad desde sus actuales cimientos y adecuarla a otro formato evolutivamente más desarrollado.

Este tema del TDHA lo tengo pendiente de desarrollar más adelante. Alguna otra entrada en el blog, alguna charla orientativa sobre el proceso en sí y la manera de poder entender a estos niños, propiciándoles una salida más acorde con sus necesidades, en lugar de hacerles enfermos mentales, con el consiguiente peligro del tratamiento cronificado con fármacos psicotrópicos.

En fin, espero que este miedo al que he hecho mención antes no sea descrito en la siguiente edición del DSM y me pongan una camisa de fuerza y una mordaza…

Salud para ti y los tuyos.

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