Covid Persistente

COVID PERSISTENTE

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Con este artículo voy a centrarme en el llamado “Covid persistente” y su significado. Y, como ya viene siendo habitual, cuelgo a continuación el vídeo correspondiente, para las personas que prefieren escuchar a leer.

 

 

Estamos dentro de un paradigma médico en el que predomina la enfermedad, no la salud. Aunque la cosa se disfraza con nombres como “Centro de Salud”, lo que realmente se mira (hasta la persecución) es a la enfermedad.

Con el proceso Covid-19 no se podía esperar otra cosa…, con la novedad de que, aparentemente, al no disponer de tratamientos efectivos, toda la esperanza se dirigió desde un principio a la vacunación. Ya, desde antes de que se vieran aumentar las cifras de mortalidad de la primavera 2020.

Desde mi perspectiva de médico psicosomático, el diagnóstico “Covid-19” no me dice nada. Para mí se trata de un conjunto de procesos que, con una base inmunológica, inflamatoria, se ha cebado en una serie de órganos y funciones corporales, generando síntomas diversos.

Si observamos el cuadro de inicio, se corresponde con el comienzo de un cuadro gripal o pseudogripal: un síndrome catarral que puede ir tomando fuerza y generando una fiebre con tos seca, fatiga respiratoria y posible deriva hacia neumonías bilaterales… o no.

El cuadro ha estado acompañado de otros síntomas: pérdida de apetito, dolor de garganta, congestión nasal, pérdida de olfato y gusto, dolores musculares y/o articulares, dolores de cabeza, diarreas, náuseas/vómitos, erupciones cutáneas… El cajón es amplio y variado.

Pero, en todo momento, se intentaba localizar al bicho o, al menos, las señales de que pudiera andar suelto por las mucosas de las personas con esos síntomas. No me voy a meter ahora con el tema de los falsos diagnósticos de “caso Covid-19” por la positividad de una PCR. Ya he escrito largo y tendido sobre el tema.

Ahora el tema es lo que se denomina “Covid-19 persistente” o “long Covid”. Es una serie no desdeñable de personas que, en lugar de mejorar paulatinamente de sus síntomas, pasan las semanas y siguen arrastrando una serie de disfunciones que les dificultan la reincorporación en sus vidas normales.

¿Y qué describen estas personas como síntomas? Pues cuestiones de diverso origen:

  • Una continuidad de los mismos síntomas de la enfermedad que teóricamente debería haber sido “vencida”.
  • Otros síntomas que se han provocado por la alteración de los tejidos corporales por el propio proceso Covid-19.
  • Síntomas relacionados con los tratamientos recibidos: medicamentosos, intubaciones, shock postraumático por el paso por la UCI…

Todo esto hace que los síntomas que se puedan relacionar con esta “Covid persistente” sean cuantiosísimos, y con diferencias individuales sustanciales.

Pues, ni corta ni perezosa, la OMS, estos días atrás, ha elevado a la “Covid persistente” a rango de enfermedad específica. ¿Y esto qué significa? A mi modo de ver, no ayuda en la práctica en nada o en poco. Ya las personas tienen otro letrero que colocarse en el pecho, ya no están huérfanos de un diagnóstico propio.

Mi modo de enfocar la cuestión, desde la Medicina Psicosomática, en lugar de fijarme en la palabra “Covid”, voy a detenerme a observar qué le ocurre a la persona en concreto: dónde está el dolor, la limitación, la dificultad. Nuestros cuerpos hablan continuamente.

Cada síntoma nos hará dirigir la atención a cuestiones concretas que le han causado una alta tensión, un alto clima de estrés, un miedo…

Nada se puede generalizar, todo es necesario particularizar en lo que le está tocando vivir a cada persona. Aunque, como hay muchas personas que están viviendo cosas muy parecidas y desde percepciones muy semejantes, de ahí que se puedan entresacar temas o significados comunes.

  • En general, las afecciones respiratorias nos van a dirigir la atención a temas relacionados con el entorno donde vive la persona. Su interacción con su entorno.
  • La falta de aire nos acerca a la muerte como tema principal, pero no único. Si viene a través de una neumonía, se describe clásicamente el miedo inminente a morir. Aquí viene a colación que el propio diagnóstico médico puede ser vivido como causa de alto estrés.
  • La falta de energía es un más allá en el acercamiento simbólico a la muerte. Siempre que alguien consulta por una disminución de su energía, el planteamiento es identificar algún tipo de fidelización inconsciente a un proceso de muerte a su alrededor no bien vivido o con secuelas no adecuadamente encauzadas.
  • Dolores articulares y musculares. Detrás se está expresando un dolor con un trasfondo de desvalorización e impotencia.
  • Alteraciones de la coagulación. Si el cuerpo se lanza a generar coágulos, detrás hay algún tipo de herida con necesidad de ser cerrada. Y, generalmente, al hablar de sangre, en el trasfondo se esconde siempre alguna herida familiar, que viene de linaje sanguíneo.
  • Ausencia de gusto-olfato. El olfato, muy ligado al gusto en nuestra especie, es un sentido que nos acerca mucho a nuestro ser animal. Y sirve en esencia para reconocer, identificar y diferenciar lo que es alimento de lo que es tóxico, al amigo del enemigo, la identificación sexual…Habría que ver en cada persona qué necesidad ha habido para que el organismo haya anulado ese sentido.

Esta lista anterior (incompleta) es un ejemplo de hacia dónde enfocar los casos, independiente si al proceso se le llama “Covid persistente” o síndrome de Menganito. Una de las cosas que se me repitió en la Facultad de Medicina, y no sé si sigue sucediendo, es que “no existen enfermedades sino enfermos”

Creo que, actualmente, esta frase anterior se expresa y se vive “con la boca pequeña”. En la práctica diaria, lo que se ve en la Medicina moderna es la necesidad de identificar la enfermedad que sea, su catalogación, y la aplicación de los protocolos oportunos aprobados frente a esa enfermedad.

El futuro de la Medicina se está construyendo a través de la protocolización, que ayuda un montón a la utilización de la telemedicina como vía para la relación médico-paciente… Y así, me parece que no vamos bien.

Volvamos a acercarnos a las personas enfermas, a escucharlas en lo que nos puedan decir, en lugar de obsesionarnos sobre si encajan o no en alguna enfermedad protocolizada. Y si algunos cuadros persisten, no hay por qué ponerles otro nombre o encasillarles en otra enfermedad nominal. Sus cuerpos nos están diciendo que el proceso sigue activo, que todavía hay problema, que todavía es necesario solucionar algo en esa persona.

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Salud para ti y los tuyos

8 comentarios en “Covid Persistente

  1. de vergüenza!!!! soy covid persistente, le animo a que me trate , a qué me cure, le animo a que me explique mis hematomas espontáneos, mi síndrome de activación mastocitaria, mi neuropatias de fibra fina…hoy he pasado por
    una mesa basculante…de verguenza!!!! tráteme! me ofrezco de conejillo de indias. Habla de covid persistente…ha tratado a alguno? con éxito? han salido de esto? le dejo todos mis datos sin esconderme bajo ningún nombre
    Si hay tratamiento, se llama maraviroc, invermectina, BC007, apheresis…todo está dando resultado con éxito. Hablé con Patterson, con Akiko…con grandes inmunologos!
    si me lo permite me encantaría mandarle fotos de todo lo que me pasa para que vea cómo somatizo el tener hematomas en los ojos, o las venas hinchadisimas, o le animo a que me invite a una cocacola y vea cómo se me pone edema de clotis. también me pasa con el calabacín o la manzana, usted elige
    que pena, que en nuestra curación, en la carrera hacia la investigación, haya “medicos” que ya nos estén negando

    • Hola, Ana.

      Creo que hay un malentendido entre lo que he intentado expresar y lo que tú has entendido. Y, sobre todo, parece que con el contenido de mi artículo estás leyendo que niego la existencia de esos procesos. ¿Cómo es posible que entiendas eso?

      Es evidente que los procesos son reales, como también lo es (para mí) que todo tipo de patología, hasta el último accidente sufrido, tiene vínculos o está relacionado con algo mayor, que generalmente no llegamos a entender y que ocultamos en nuestros inconscientes. Siempre hay un porqué y un para qué para todo tipo de evento, incluidas las enfermedades.

      Respondiendo directamente a tu pregunta, te diré que no he tratado ningún caso del llamado covid persistente, pero si llegara el momento, éste sería mi foco de atención. Y lo hago así porque de los otros frentes de batalla, los tratamientos medicamentosos, ya se encargan compañeros que saben mucho más que yo en ese ámbito.

      Yo sólo afirmo, y no me lo puede rebatir nadie, que detrás de una enfermedad, se llame como se llame, siempre hay algo que sanar en esa persona que ha actuado como base o soporte para la aparición de ese proceso. Y el que lo niegue o miente o peca de desconocimiento. Llevo muchos años observando esta cuestión en todo tipo de patologías. Puedes creerlo o no, pero ésa es tu historia.

      Precisamente, que me acuses a mí de negar algo: y, sobre todo, algo que le duele a una persona… es que no me conoces en absoluto.

      Algo similar me ocurrió ya hace años cuando intenté ponerme en contacto con el colectivo de personas afectadas por fibromialgia para intentar ayudarles. Hubo una primera respuesta muy parecida a la tuya, acusándome de que estaba negando la enfermedad… En cambio, hubo alguna persona que confió e hicimos algún trabajo interesante, con buenos resultados.

      Ya no tengo interés en acercarme a nadie para ofrecer mi ayuda. Si alguien puede confiar en que se le puede ayudar desde otra óptica diferente de la que se está usando en la Medicina convencional, estaré encantado en enfocar mi energía en ello. Nada es excluyente.

      Te deseo todo lo mejor en tu andadura.

      Salud para ti y los tuyos.

  2. Me parece un punto de vista de lo más interesante. Si lo comparo con casos cercanos (no necesariamente covid) la catalogación de síntomas-causas cuadra bastante bien. Me pregunto si en la medicina psicosomática hay margen para que las enfermedades cursen por causas externas (toxicidad alimentaria, hábitos, etc…). Un cordial saludo.

    • Hola, Bernat.

      Efectivamente, todo está interrelacionado. Por ejemplo en el caso de un hábito, la búsqueda la haría en la motivación oculta, inconsciente, por la que esta persona ha generado y mantiene este hábito.

      En el caso de toxicidad alimentaria, habría que ver si es por “neglicencia”, una especie de autoagresión encubierta, o por una “casualidad” puntual (yo no creo en las casualidades).

      Nada es desdeñable, todo cuenta. A veces, la pista es un detalle que nos permite aclarar el trasfondo.

      Muchas gracias por tu comentario.

      Salud para ti y los tuyos.

  3. Lo que dices tiene mucho sentido para mí, y no comprendo que la inmensa mayoría de personas crean y defiendan con uñas y dientes la “versión oficial” de las enfermedades.
    Parece que el mundo avanza hacia más conciencia pero el COVID demuestra la gran desconexión que en el fondo tenemos, la desconfianza hacia lo que podemos analizar por nosotr@s mism@s y la fe ciega en que otros saben más.

    • Hola, Ane.

      Bueno, creo que son dos cosas diferentes:

        Una, que se le pueda encontrar sentido. Yo lo llevo viendo durante años.
        Dos, que todo un sistema cambie de manera de ver las cosas… aunque tengan sentido.

      Todo esto necesita mucho tiempo de experiencias y de más profesionales que lo comprueben así.

      Salud para ti y los tuyos.

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