El Padre

EL PADRE

(imagen tomada de aquí)

 

Tras haber descrito el arquetipo de la madre en la anterior entrada de este blog, toca ahora hacer referencia a lo paterno.

La energía paterna se podría describir, a groso modo, como el prototipo de la energía masculina en el ser humano, y se manifiesta con la clase de energía que nos permite ir hacia la vida: el hacer, la faceta laboral, el papel "masculino", la protección…

Todo esto, desde niños, lo integramos en nuestra estructura energética a través del contacto con nuestro padre. Nuestro Sistema Nervioso Central se termina de estructurar hacia los tres años de edad (aun cuando hay algún nervio concreto que todavía tardará unos años más en conseguirlo), y nuestra personalidad se fragua durante el primer septenio de nuestra vida. Todo este tiempo es fundamental en nuestro desarrollo como personas.

¿Qué decir cuando un padre está ausente, por muerte o por lejanía (por las diversas circunstancias de la vida), en la maduración de una criatura? Las consecuencias son diversas.

Por la especial estructura natal de cada persona, hay una serie de predisposiciones que van a hacer posible que el niño (o niña) tome esa carencia paterna como revulsivo en su vida, y organice (de forma inconsciente) un carácter duro, tosco, frente a la vida.

En otros casos, la persona será mucho más sensible a esa carencia y eso hará que cree en su estructura de personalidad una dificultad organizada para afrontar la vida, cuyas consecuencias podrán ser, por ejemplo, una debilidad enfermiza a la hora de delimitar el territorio y defenderlo de las posibles invasiones, y no poder decir “no” cuando se deba.

Como en todo tipo de cuestiones, la realidad humana es polar, y el fenómeno puede desembocar en una persona chulesca e intolerante, tanto como en una persona débil y temerosa. Y esto puede afectar tanto a hombres como a mujeres, aunque será mucho más evidente en los hombres.

Como siempre, la tensión organizada por este desequilibrio puede mostrarse en la propia estructura corporal del individuo, generando diversas enfermedades (gastritis, cuadros biliares, bronquiales, prostáticos, sexuales, cardiacos, problemas de vejiga…).

También es fácil ver las consecuencias de estos procesos de tensión en actitudes comportamentales, dificultad en las relaciones humanas, conflictos existenciales, mentales…

Como siempre, el abordaje terapéutico de estas disfunciones puede ser enfocado tanto de forma individual (un acompañamiento terapéutico personal) como sistémica (a través de Constelaciones Familiares).

Todo deberá comenzar a partir de un diagnóstico claro de la situación que le afecta a la persona y la determinación de querer solucionar el conflicto (o la enfermedad) que le aqueja.

Salud para ti y los tuyos.

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