Estocástica o ignorancia

ESTOCÁSTICA O IGNORANCIA

Imagen de AndreasAux en Pixabay

(¿Dispones de 4 minutos para leer este texto?)

No puedo refrenarme. Lo siento. Leer ciertas cosas a veces genera una especie de crujido en mis pacíficas neuronas.

Como ya es habitual en este blog, y como deferencia a las personas que prefieren escuchar a leer, voy a colgar a continuación el vídeo del texto.

Hoy mismo acabo de leer en una revista digital de divulgación médica (que no voy a nombrar) algo en forma de titular que muestra cómo es la orientación de la medicina científica sobre los procesos biológicos.

El titular dice lo siguiente: «La respuesta de las células tumorales a la quimioterapia responde al azar».

Este medio de divulgación médica hace referencia con este titular a un artículo publicado en la revista Science Advances cuya autoría está vinculada al Instituto Garvan de Investigación Médica, en Australia.

Bueno, el título original del artículo (traducido del inglés) es el siguiente: «La memoria de la señalización apoptótica unicelular estocástica promueve la quimiorresistencia en el neuroblastoma».

Vamos, que no es un título que pueda atraer al gran público y que muestra, en parte, el lenguaje particular, retorcido, de los médicos. Si sustituimos la palabra apoptosis por el proceso que le lleva a una célula a su propia muerte, y la palabra estocástica por el fenómeno del azar, ya se podría comenzar a medio entender mejor este titular.

Pero lo más importante para mí está en el contenido del artículo.

Se hace mención en él a un tipo de tumor cerebral, el neuroblastoma, con tasas muy altas de resistencia a los tratamientos: un 15% no responden y otro 40-50% recidivan pronto.

Es evidente y comprensible la intriga científica generada ante este hecho y el afán por explicar lo que sucede en esas células rebeldes.

Cuando leo la introducción en el propio artículo, me asombra que le endilguen al puro azar, sin rubor alguno y basándose en estudios previos, la mutación genética de las células que no se dejan morir por el efecto de los tratamientos quimioterápicos.

Siempre utilizo la siguiente frase cuando hablo sobre esta idea: «La magia del ayer es la ciencia del mañana». Siempre ha sido así. Lo que el ser humano, desde tiempos históricos remotos, no ha comprendido desde la observación, siempre se ha achacado a la magia. Y ahora se achaca al azar.

En este estudio al que me estoy refiriendo, se constata que no sólo existen mecanismos genéticos en la generación de células resistentes, sino también otros no genéticos que estimulan la selección y empoderamiento de unas estirpes celulares que no se dejan morir ante los tratamientos empleados, una forma de adaptarse a lo que se les ha venido encima.

Los autores están hablando de la epigenética en la formación de ese «ruido» en la expresión génica del proceso de muerte celular que hace resistentes a ella a un grupo selecto de células tumorales.

También constatan que las células que adquieren ese ruido en la expresión genética de su propia muerte, o sea, las células resistentes al tratamiento quimioterápico, no vuelven a su estado anterior de sensibilidad a dicho tratamiento. Es como si hubieran aprendido que seguir ese camino les lleva a la muerte.

Esto me lleva a hipotetizar sobre una inteligencia propia en esas células, en esos tejidos, que hace que ante su misión, la que fuere, su supervivencia fuera algo a conseguir prioritariamente y sin vuelta atrás, ante la aparición en su entorno inmediato de sustancias químicas agresivas ya conocidas.

Pero los científicos, con afán guerrero, siguen en su línea materialista: encontrar un paso anterior a la generación de ese bloqueo celular que produce la resistencia a los tratamientos químicos. Dicen:

«Queríamos descubrir qué subyace a esa aleatoriedad. ¿Qué tienen esas células? ¿Se puede manipular algo para que respondan?».

La cuestión sigue enfocándose en contemplar a las células tumorales como un enemigo a batir, cual bicho inmundo, y engañarlo como fuera: con trucos, atajos, triquiñuelas, encerronas. En esto parece estar la ciencia actualmente. Es la misma actitud que se está teniendo frente a bacterias y, sobre todo, frente a virus.

No dudo de que habrá otros tipos de estudios, de científicos que busquen mas allá de ese árbol que impide ver la hermosura de un bosque inexplorado, inexplicable aún hoy en día, con vida propia y con una unidad de «criterio» en sus decisiones frente al devenir.

Ese sentido último de la vida que, según mis convicciones (algo que se sale del método científico, lo reconozco), debe dar explicación a todo, incluido por qué unos tejidos vivos reaccionan de una manera y no de otra.

Esto evitaría que dejáramos al azar la explicación de la causa de un montón de procesos y pudiéramos aprender de la biología para dejar de ser ignorantes.

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Salud para ti y los tuyos

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