Fuera de onda
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Como ya es habitual en este blog, y como deferencia a las personas que prefieren escuchar a leer, voy a colgar a continuación el vídeo del texto.
Sin ir a buscar, llegan a mí noticias que muestran repetitivamente que la Medicina está fuera de juego, fuera de onda respecto a los temas realmente importantes que le competen.
Cada otoño, erre que erre, como zambomba en villancicos navideños, toca lanzar las campañas de vacunación masiva frente a la gripe, a las que se añaden juntitas como bailando un chotis a tres bandas (si existiera) las del extinto covid y la del VRP, que no son, ninguna de las dos, vacunas en sí mismas.
La principal, la de mayor tradición, la de la gripe es como una escopeta de feria. Puede apuntar a la diana pero, de ahí a que surta el efecto deseado, va un gran trecho.
Según los diferentes países, en la fabricación de esta vacuna se usan tres o cuatro cepas del virus gripal. En España se han incorporado cuatro: dos antígenos de virus A y otros dos del virus B.
Como se sabe, estas cepas se eligen una vez visto lo sucedido en el hemisferio sur, cuando han pasado por su temporada fría y las consabidas gripes mientras nosotros disfrutábamos del «buen tiempo», con permiso de los alarmistas climáticos.
No sé si sirve para nada, pero no puedo menos que mostrar lo que han encontrado en la Clínica Cleveland, en Ohio. Para que nos hagamos una idea, en el noroeste de Ohio, esta clínica supera los 50.000 empleados.
Durante la temporada de gripe pasada (octubre 2024 a marzo 2025) hicieron un estudio para calibrar la efectividad de la vacuna antigripal que les inocularon de forma obligada, excepto a las personas que alegaron motivos médicos o religiosos.
Para ello montaron un estudio prospectivo con dos cohortes: en total 53.402 empleados formaron parte del estudio. Todos ellos, claro está, eran personas en edad de trabajar. Teóricamente, adultos sanos. No había ni niños ni ancianos en la población estudiada.
¿Qué encontraron?
La incidencia acumulada de influenza fue similar en los estados vacunados y no vacunados al principio; pero, a lo largo del estudio, la incidencia acumulada de influenza aumentó más rápidamente entre los vacunados que entre los no vacunados.
En un análisis ajustado por edad, sexo, trabajo de enfermería clínica y lugar de trabajo, el riesgo de influenza fue significativamente mayor para el estado vacunado en comparación con el no vacunado, lo que arroja una efectividad calculada de la vacuna de −26’9%.
En palabras llanas: bien porque que no acertaron en las cepas elegidas o por el motivo que fuera, la cuestión es que las personas vacunadas de la gripe en ese estudio tuvieron casi un 27% más posibilidades de pasar la enfermedad que las personas que no se vacunaron.
Efectivamente, con este estudio no se puede dar como cierto en ciencia que la vacuna de la gripe, en términos generales, no sirva para nada. Pero, desde luego, algo nos tiene que decir sobre esta vacuna que masivamente se aplica a la población. Lo dejo a vuestro libre pensar.
Paso a otro tema, también vacunal.
A finales de noviembre, la Biblioteca Cochrane, hasta ahora garante de la independencia de los estudios científicos, sacó dos artículos en los que mostraban revisiones sobre estudios hechos respecto a la vacuna frente al virus del papiloma humano (VPH).
¿Qué conclusiones sacaron? Que la vacuna proporciona «evidencia sólida y consistente» de prevención del cáncer de cuello uterino. Que las niñas vacunadas antes de los 16 años tenían «80% menos probabilidades» de desarrollar cáncer de cuello uterino que sus contrapartes no vacunadas.
Los autores principales refuerzan esas conclusiones con las siguientes frases:
«Ahora tenemos evidencia clara y consistente de todo el mundo de que la vacunación contra el VPH previene el cáncer de cuello uterino».
Las revisiones «dejan en claro» que vacunar a los adolescentes jóvenes «puede prevenir el cáncer y salvar vidas».
Como ya no me creo nada de nada, de ningún titular, máxime cuando es aplaudido hasta la extenuación por los medios de comunicación de siempre, busqué información lo más directa que pude… y hasta donde llegué.
De primeras, quiero aclarar que las revisiones Cochrane suelen utilizar estudios ECA, que muestran el mayor grado de fiabilidad en sus conclusiones. En la revisión que estoy leyendo se incluyeron 60 ECA con 157.414 participantes. La duración del seguimiento en los estudios incluidos varió de entre siete meses a once años.
¿Me están diciendo que se estudiaron los casos con un máximo de once años cuando las lesiones en el cuello de útero producidas o acompañados por el virus VPH tardan más de 20 años en producir lesiones cancerosas?
Como era de esperar, lo primero que dicen a continuación es que «los estudios no tuvieron una duración suficiente para que apareciera el cáncer. Cuatro estudios informaron sobre el cáncer. No se detectó ningún cáncer».
Todo lo que viene a continuación se refiere a lesiones precancerosas. Lesiones que en las revisiones periódicas que se suelen hacer las mujeres en los países desarrollados, cuando son vistas son anuladas sin problema alguno.
Podemos comprobar que una cosa es lo que se lee en las propias revisiones Cochrane y otra muy distinta lo que se publica de forma exagerada publicitando algo que, en realidad, no es real. Con los datos de estas últimas revisiones en la mano, ¿de dónde se sacan que las vacunas VPH salvan vidas?
Mientras, la población española tiene que aguantar estoicamente, como media, más de 100 días de espera para una primera consulta de especialista, casi duplicando la espera de hace diez años. ¿Será que la gente se está enfermando mucho más en estos últimos años? Por no hablar de las continuas cifras de sobremortalidad, a las que no se les quiere mirar ni de reojo.
A la vez, la natalidad en España continúa un inexorable declive, acentuado tras las campañas de inoculación masiva frente a covid, como en la inmensa mayoría de países con altas tasas de inoculación.
¿Qué hace la Medicina, los reguladores, asociaciones profesionales al respecto?
Pues, por ejemplo, acelerar la aprobación de fármacos para la obesidad. En Reino Unido ya van a poder ser recetados por los médicos de la sanidad pública. O sea, se incorporan de golpe como posibles compradores a 200.000 británicos.
Eso sí, con algunas premisas a cumplir en cuanto a que los posibles destinatarios tengan, por ejemplo, diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad cardíaca, apnea obstructiva del sueño.
Si en España el precio del potingue ronda entre los 200-400€ al mes según la dosis, si lo multiplicamos por los 200.000 británicos que ya pueden acceder al susodicho fármaco mediante receta de su médico de cabecera, me salen entre 40 y 80 milloncejos de euros como resultado de este negocio.
Pero lo curioso es que ese fármaco lo promocionan como «vacuna para bajar peso». Sí, sí, habéis oído o leído bien.
Me parece muy fuerte la perversa utilización, la ampliación del significado que se está prodigando del término «vacuna». Las vacunas parece ser que ya no son lo que eran ni sirven para lo que servían.
Ahora, este término se emplea como pura propaganda, como diciendo: dado que las vacunas son seguras y eficaces (lo sabemos todos ya, ¿no?), una «vacuna para bajar el peso» no te va a generar ningún problema.
¡¡Lagarto, lagarto!!
Y lo que más me ha llamado la atención de hacia dónde están mirando en la Medicina de entre lo que he leído últimamente es a querer formar galenos en cambio climático. Como se puede comprobar fácilmente, esto del cambio climático da para mucho.
No creas que me lo invento. Ha habido una reunión en Madrid en la que los consabidos expertos, esas personas que saben mucho sobre un tema, han determinado la necesidad de generar docencia en este tema sobre 10.000 médicos de aquí hasta 2027.
Para dar soporte a todo esto, ya existe una Red Europea sobre Clima y Educación que, junto al laboratorio AstraZeneca y la aseguradora Sanitas, se han encargado de reunir a esta gente en la capital. ¿Y qué quieren hacer? «Proporcionar a estos médicos los conocimientos y habilidades necesarios para anticiparse, prevenir y gestionar los retos que la crisis climática plantea para la salud de la población».
Frases interesantes que entresaco:
«La crisis climática es una crisis de salud pública». Parece que la población enferma saturando los centros y el exceso de sobremortalidad no les parece una crisis de salud pública… ¡Ah!, claro, es que todo esto está ocurriendo por el cambio climático y yo no me he enterado.
La necesidad de involucrar a los profesionales sanitarios en la respuesta frente a la emergencia climática. No parece ser interesante involucrar a los sanitarios en favorecer hábitos de salud en la población y preocuparse por los efectos que causan las campañas de vacunación masiva, por ejemplo.
La clave de la respuesta sanitaria frente al clima pasa por transitar a «un sistema de salud sostenible». Ya empezaba a inquietarme no encontrarme con una de esas palabrejas tan de moda actualmente.
Cuando alguien esgrime los conceptos sostenible, resiliente, equidad, huella de carbono, CO2, igualdad de género… ya empiezo a temblar.
Pero aquí colocan eso de salud sostenible como algo a lograr como respuesta al cambio climático. ¿Alguien lo entiende? Yo, desde luego, no.
Que «los profesionales sanitarios sean conscientes del impacto de sus decisiones sobre salud en el cambio climático, de forma que se conviertan en hábito y motivación». Por lo que veo, afirman que el aparente y temido cambio climático puede desaparecer por las decisiones de tu médico de cabecera… ¿Me he perdido algo entre medias?
Garantizar que los estudiantes conozcan los impactos del cambio climático y su relación con la salud y dotarles de herramientas para practicar una medicina más sostenible. Con el aumento del currículo concerniente al cambio climático, la carrera de Medicina se va a alargar un par de años más, supongo.
Se ha invitado a desterrar los «negacionismos». Claro. El que no pase por el aro no sólo no va a salir en la foto sino que le vamos a hacer la vida imposible. O sea, que se cuece el boicot a colegas que no tragamos con este bodrio. O cuando el médico de cabecera sospeche que el paciente que tiene delante es un negacionista del cambio climático, va a hacer una huelga de brazos caídos, ¿no?
Contemplar la emergencia climática como «la realidad clínica del presente y no una preocupación del mañana». Ya no se me ocurren más tontería para comentar esas sinsorgadas.
Se destacó también la necesidad de incluir en los planes de estudio esta avalancha de evidencias y conocimiento. Ahí el Presidente de la conferencia de Decanos de Facultades de Medicina de España hizo referencia a la rigidez y saturación de los actuales currículos durante la formación.
Pero hubo una estudiante de Medicina a la que se le ocurrieron soluciones. Por ejemplo, incluir preguntas sobre cambio climático en los exámenes MIR. Así los estudiantes estarían motivados a empaparse de este tema…
Esta estudiante de Medicina ya tiene su futuro asegurado. Creedme. Muy posiblemente la veamos, una vez finalizada su formación, escalando en puestos de Salud Pública de la mano de elementos poderosos como consorcios nacionales e instituciones internacionales.
Para mí que toda esta gente está meando fuera del tiesto…, y sin parar. ¿O sólo me lo parece a mí y seré yo el que está fuera de onda?
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Salud para ti y los tuyos.


No hay que olvidar que Peter Gotzsche, fundador de Cochrane, fue expulsado por la propia junta por ser demasiado ‘rigido’ con las normas que pusieron en su fundación
Hola, Arantzazu.
Perdona por la tardanza en mi respuesta pero no he recibido notificación de que había ningún comentario pendiente.
Así, es. Cochrane ya no es lo que era… Habrá que revisar detenidamente cada recomendación que escriban. Para mí ya no es garantía de veracidad.
Salud para ti y los tuyos.