Intocables

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Como ya es habitual en este blog, y como deferencia a las personas que prefieren escuchar a leer, voy a colgar a continuación el vídeo del texto.
Durante los últimos días, el señor Trump ha dado que hablar en el mundo sanitario. Y no es para menos, dado que ha fijado su atención en un tema que parece ser intocable. Se ha erigido como el mono de feria (si ya no lo era antes) al que le llueven «chuzos» desde todas las esquinas.
Vamos a ver qué es lo que ha generado a través de su orden presidencial.
En términos generales, la primera cosa que ha hecho es disminuir de 17-18 a 11 las vacunas infantiles impuestas en la actualidad. No hay que olvidar que en el país que gobierna, adalid aparente de libertades individuales… los niños deben ser vacunados obligatoriamente para asistir a guarderías y ser escolarizados. No sé dónde está esa libertad individual para su población.
La cuestión no es que las seis-siete vacunas que se han caído de la lista actual vayan a desaparecer… sino que seguirán estando disponibles para quien las quiera, pero no de forma obligatoria.
Por ejemplo, los anticuerpos monoclonales frente al virus respiratorio sincitial (VRS), así como las vacunas frente a hepatitis A, hepatitis B, meningococo B, meningococo ACWY y dengue seguirán recomendándose pero sólo a determinados grupos de riesgo.
Y las vacunas frente a hepatitis A, hepatitis B, rotavirus, enfermedad meningocócica, gripe y COVID-19 formarán parte de un tercer grupo de vacunas sobre las que los médicos conversarán con los padres de las criaturas para llegar a una decisión compartida.
Tras ver esto y las reacciones salvajes que está generando en el almidonado grupo de profesionales de la salud, me pregunto yo: ¿no sería bueno y necesario que ese diálogo abierto se dirigiera a todas y cada una de las vacunas del calendario vacunal? De primeras, esa dinámica forzaría a los profesionales de la Medicina a estar actualizados no sólo en las arengas que reciben y trasladan como loritos sino en datos verificables que deberían defender frente a las familias de los críos de sus cupos.
La segunda cosa que está provocando muchas críticas es que la vacuna triple vírica (frente a sarampión, paperas y rubeola) el presidente «ojitos y morritos» ha decidido repartirla en sus tres componentes por separado. Algo que no puede suceder en estos momentos en ninguna parte del mundo, dado que la industria no saca al mercado ese tipo de productos específicos y unidireccionales.
Y esto pasa también, por ejemplo, en nuestro país en los cada vez más frecuentes grupos de vacunas: pentavalentes, hexavalentes…
¡Ah! Es que quiero ponerme el toxoide antitetánico porque me he hecho una herida un poco fea y quiero pautar un ciclo de inmunización frente a ese posible riesgo.
Ya puedes esperar sentado o sentada… porque ese producto no te lo van a servir. Te pondrán la DTP enterita.
Pero… ¡¡si no quiero vacunarme frente a la difteria ni a la tosferina!!
Pues sí o sí, si es que te quieres vacunar frente al tétanos. Algo totalmente ridículo e irracional.
¿Cuál está siendo la reacción de las autoridades sanitarias y el amplio escenario de los «expertos» del ramo?
Se ha podido ver una respuesta desaforada y al unísono: ¡¡Sacrilegio!!
Las razones esgrimidas son de lo más infantiles, cual pataleta, y basadas en falsas verdades: eso de que las vacunas actuales son de lo más eficaces y seguras. ¿Nos va sonando ese mantra que surge una y otra vez al mentar el tema vacunas, sean las que fueren?
Un portavoz de la OMS afirma que las recomendaciones de esta organización en materia de vacunas «se basan en años de investigación en todo el mundo sobre cómo se desarrolla el sistema inmunitario, cuándo una persona es más susceptible a una enfermedad y cómo mantener una protección sólida».
«Éste es el consejo que damos a todos los países, y esperamos que todos ellos utilicen esta evidencia científica de máxima calidad de la que disponemos». Habrá que ver cuál es esa evidencia tan científica, y a la vez oculta, que posee la OMS respecto a las vacunas.
En el otro lado del charco, el Colegio Americano de Médicos, en un comunicado del 5 de enero (tras la inicial revisión de la administración Trump sobre el número de vacunas) emitió la siguiente sentencia: «La evidencia es clara: las vacunas previenen muertes, hospitalizaciones y la propagación de enfermedades».
A este lado del océano, la ministra española del ramo también ha hecho sus declaraciones afirmando que el presidente Trump ha antepuesto «su ignorancia y dogmatismo» a la evidencia científica. No desaprovecha la ocasión para expresar otro de los mantras preferidos: «el negacionismo científico mata».
También por estos lares pero en la bancada contraria, un ex-viceconsejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, después de criticar el intento de cambio en el rumbo norteamericano frente al calendario vacunal, parece que muestra un poco más de cordura al plantear que «…se podrá estar de acuerdo o no con las vacunas afectadas, discutir sus indicaciones y revisar los calendarios tantas veces como sea necesario. La medicina debe hacerlo permanentemente».
Este político refuerza la idea de la necesidad de un sólido consenso entre epidemiólogos y preventivistas antes de modificar lo que actualmente está aceptado tácitamente en el calendario vacunal.
Atentos a la perla que entresaco de su artículo:
Nuestra ministra de Sanidad debería recordar que invocar la evidencia científica no convierte automáticamente una decisión en científica. La evidencia exige método, calidad, contraste y capacidad para aceptar también aquello que contradice nuestras posiciones. Una cosa es hacer política sanitaria y otra hacer política con la sanidad.
Pero a continuación, como no podría esperarse de otra manera, continúa con la defensa a ultranza del hecho vacunal como vencedor prodigioso de la mortalidad infantil:
Las vacunas han cambiado la historia de la humanidad y han contribuido extraordinariamente a reducir la mortalidad infantil. Seguir llevándolas allí donde todavía una enfermedad prevenible puede significar la muerte continúa siendo una responsabilidad colectiva.
Como se puede comprobar una y otra vez, la argumentación empleada en todas las ocasiones se basa en conceptos lanzados sobre la ciudadanía de forma continua pero sin mostrar las pruebas de esa evidencia.
¿Cuándo se ha demostrado sin ninguna duda que han sido las vacunas el factor clave para la intensa disminución de la mortalidad infantil por esas infecciones? Les conmino a que vean, si todavía no las han visto, y estudien las gráficas de mortalidad por estas enfermedades durante todo el siglo XX.
Una y otra gráfica les llevará a la conclusión, ante una observación libre de prejuicios, de que las vacunas no han sido el factor clave para explicar la desaparición de la mortalidad infantil por esas enfermedades que en la antigüedad castigaron duramente a este sector de la población.
¿Cuándo se han estudiado las vacunas con el método científico de más alto rango, los estudios ECA (aleatorios, doble ciego y con grupos de control con placebos auténticos) durante el tiempo suficiente como para detectar su efectividad y los efectos adversos no inmediatos?
¿Cuándo se ha estudiado la idoneidad de agrupar, por ejemplo, las tres vacunas de la llamada «triple vírica» para una mayor eficacia y seguridad? ¿Son todas ellas igual de seguras y eficaces? ¿Qué problema puede suscitarse al separar en momentos diferentes la inoculación de esos productos por separado? ¿Qué se está primando con el agrupamiento de diversas vacunas (triple, penta, hexa…): la comodidad de su aplicación y asegurarse de que sean recibidas todas… o la seguridad y eficacia de los productos?
El país que más vacunas impone a sus súbditos está casi en la cola de los países llamados «desarrollados» en los indicadores de salud y esperanza de vida de su población. Un gran científico decía sabiamente (aunque no con estas palabras) que si no se hace algo diferente… el resultado siempre será el mismo.
No os quiero cansar redundando en las mismas cosas de forma insistente, pero no puedo callarme ante reacciones tan virulentas como infantiles de los representantes de la sanidad en cualquiera de sus escalones.
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Salud para ti y los tuyos.
