Lisboa entre Corcheas

El tiempo, esa cuarta dimensión en la que vivimos en este plano, no sólo corre sino vuela, como dice el poema. Durante estas semanas de silencio en el blog, como podéis suponer, no he parado: ensayos preparativos de Conciertos (en Aoiz -Navarra- y Lisboa), viaje en Semana Santa, y posterior tarea de ponerme al día en todos los frentes (consulta, correo -temible retorno-, blog).

 

Aprovecho esta entrada para mostraros mi última experiencia de la capital portuguesa, ciudad históricamente volcada al mar.

 

La Coral San Miguel de Aoiz, villa navarra donde nació mi padre (gran cantante, dicho sea de paso), me invitó meses atrás a participar como barítono solista en un Concierto en la Basílica de los Mártires, un precioso templo de Lisboa, en Viernes Santo con las "Siete Últimas Palabras de Cristo", una Cantata compuesta por Théodore Dubois en 1867 y que he tenido el goce de interpretar en varias ocasiones.

 

El viaje artístico se completaba con la colaboración musical de la Coral en la función de Viernes Santo y una misa cantada (la "Misa de la Vela", del compositor Mariano García, también natural de la villa de Aoiz) el domingo de Pascua. Ya conocía la capital por algún otro viaje artístico (con el Orfeón Pamplonés) y otro de carácter familiar.

El reencuentro fue agradable en general, con bastante buen tiempo (con algunas gotitas de agua en algún momento), camaradería, buen rollo en el contacto interpersonal, artísticamente gratificante en lo que me toca, pero también ha sobresalido un acompañante con el que no esperábamos compartir espacio ni tiempo: el ruido.

Literalmente estuvimos viviendo los 6 días del viaje "debajo del puente"… Me explico: estuvimos alojados en un hotel que no está mal (****) pero que estaba situado justamente en los pilares del magnífico "Puente del 25 de Abril" (una réplica del Golden Gate de San Francisco) que une las dos orillas del río Tajo, con una longitud total de 2,2 km (de ellos 1,7 km colgantes sobre el río a unos setenta metros de altura), por el que circula tráfico rodado y en un nivel ligeramente inferior una línea ferroviaria…

Como la habitación estaba orientada a los pilares del susodicho artilugio, os podéis imaginar la atmósfera sonora en la que estábamos envueltos. Unas escapadas a la zona de Monasterio de los Jerónimos y Torre de Belem fueron un buen remedio al ruido ambiental de la capital. Visitas al Monumento a los Descubridores, Sintra, Oceanario (residuo de la Expo 98), Cascais, Estoril, museos, palacios, cena típica con Fados incluidos… En resumen, un grato recuerdo.

(imagen tomada de aquí)

Salud para ti y los tuyos.

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