La OMS y sus Cambios

LA OMS Y SUS CAMBIOS

Imagen de kalhh en Pixabay

La OMS ya nos tiene acostumbrados a cambios bruscos de timón. ¿Te acuerdas cuando a aquella doctora responsable de comunicación de la organización se le ocurrió decir que las personas asintomáticas no eran peligrosas a la hora de contagiar el virus dichoso? Bastaron unas pocas horas para que dicho mensaje fuera torpedeado por un “donde dije ‘digo’ digo ‘Diego'” ¿Los mensajes contradictorios en cuanto al uso de mascarillas? La lista podría alargarse…

Pero lo que ahora me ha movido a escribir este texto es algo más sibilino, algo que ha pasado más desapercibido, también  en formato de cambio de criterio, pero con mucha mayor trascendencia.

En los últimos meses ha habido un cambio de criterio en la OMS a la hora de definir un concepto clave en la Medicina: qué es la inmunidad de grupo (comunitaria, de rebaño o como se le quiera llamar).

Para comprender la trascendencia de este tipo de medidas debemos retrotraernos a cuando se generó un cambio en la definición de lo que se conocía como Poliomielitis. Hasta la década de los 50 del siglo pasado, en plena epidemia de Polio en EE.UU., ésta se definía como una enfermedad infectocontagiosa en la que concurría una parálisis, generalmente de miembros inferiores, que en algunos casos podía llegar a ser permanente.

Pues justamente en los momentos en los que se lanzó la vacuna de Salk (la inyectable con virus atenuados) hubo un cambio en la definición de poliomielitis. A partir de entonces, se definió como un proceso infectocontagioso que provocaba una parálisis al menos durante 60 días. Con ese ligero y sutil cambio, las cifras de afectados por la poliomielitis se vinieron más abajo todavía, favoreciendo el éxito de la vacuna… y se engrosaron las cifras de encefalitis y mielitis, parálisis fláccidas, etc.

No es momento de entrar en el tema de la poliomielitis, que da para mucho, tanto en relación con su etiopatogenia (¿quién lo provoca?) como con las diversas vacunas y campañas de vacunación a lo largo de la historia.

Otro ejemplo “maravilloso” de cambio de definición es el que se produjo en Mayo de 2009 cuando, justo un mes antes de declarar la pandemia por la gripe porcina, a la OMS se le ocurrió eliminar del concepto de pandemia el hecho de que la enfermedad en cuestión debiera generar una mortalidad inusitada.

A partir de la nueva definición, sólo era necesario que la infección se propagara fácilmente en diversas regiones en las que la OMS tiene distribuido el mundo. Y así se le adjudicó la categoría de pandemia a la gripe porcina, gripe A, que provocó bastantes menos muertos que cualquier gripe estacional anual.

Ahora, de golpe y porrazo, ha habido otro cambio “semántico”. Esta vez en la definición de inmunidad comunitaria (grupal o de rebaño). Voy a explicar un poco qué es esto de la inmunidad de rebaño. Para ello voy a utilizar conceptos y dinámicas admitidas por el paradigma microbiano imperante, aunque este paradigma ya está en plena discusión por virólogos de relevancia.

Cuando una persona contrae un virus, su sistema inmune codifica esa información de tal manera que genera inmunidad contra él. Cuando este fenómeno sucede en un número suficiente de personas, el virus pierde su cualidad pandémica y se vuelve endémico, más manejable.

Esto es, ni más ni menos, lo que se pretende que suceda con la Covid-19: que haya suficiente número de personas que le hagan frente a través de su inmunidad, y que deje de ser la locura en la que se ha convertido a nivel mundial.

En el mes de junio de 2020, en la página de la OMS se podía leer este fragmento respecto a la inmunidad de rebaño:

La inmunidad colectiva es la protección indirecta contra una enfermedad infecciosa que ocurre cuando una población es inmune, ya sea por vacunación o por la inmunidad desarrollada a través de una infección previa.

Es la explicación más resumida de lo que acabo de escribir en el renglón anterior. Y ya no entramos si la estimación correcta para llegar a esa inmunidad es del 70% de la población (como obstinadamente se menciona en las fuentes más cercanas al Imperial College, cuyos modelos matemáticos fallaron estrepitosamente en el inicio del proceso) o del 10%, como muestran las corrientes más optimistas.

Pero, hete aquí que,  en fechas posteriores (tras el cambio de tendencia realizado por la declaración del director general de la OMS en 12 octubre 2020), en la misma página de la OMS se puede leer lo siguiente:

La “inmunidad colectiva”, también conocida como “inmunidad de la población”, es un concepto utilizado para la vacunación, en el que una población puede protegerse de un determinado virus si se alcanza un umbral de vacunación…

… La inmunidad colectiva se logra protegiendo a las personas de un virus, no exponiéndolas a él…

Lo que ha hecho la OMS, una vez más, es un radical cambio de rumbo al más puro estilo estalinista (no quiero entrar en política pero es interesante identificar a quien hoy en día está al timón de esta estructura supranacional). De un golpe seco, borra de un plumazo lo que la Medicina ha aprendido a lo largo de un siglo de contacto consciente con los gérmenes.

Sólo parece posible en estos momentos generar una inmunidad colectiva a través de la vacunación. Según la OMS no hay otro procedimiento. Por eso, los sectores mayoritarios que han promovido los confinamientos y cierres de nuestras sociedades, las mascarillas en todo tiempo y lugar, hasta para hacer el amor (sí, lo llegaron a plantear), echaron pestes cuando sobrevino la Declaración de Barrington. (Os animo a firmarla y apoyarla)

Los primeros firmantes de esta declaración son prestigiosas figuras de la Medicina y la Ciencia, y a través de esta declaración de principios aconsejaron abrir las medidas impuestas de forma generalizada, cuidar a las personas de riesgo, y lograr así la tan anhelada inmunidad comunitaria. Puro sentido común, tal y como se ha hecho de forma natural con otras epidemias.

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