Resistencia

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Recordando aquella melodía que tuvimos que escuchar hasta la saciedad en los tiempos del absurdo e irracional confinamiento de la primavera 2020, ahora me viene la palabra “resistencia”.

Como viene siendo habitual, voy a colgar a continuación el vídeo correspondiente a este artículo, para aquellas personas que prefieren escuchar a leer.

El diccionario de la RAE define resistencia como el acto de recibir algo que ejerce fuerza o presión sin sufrir daño o alteración. Y más o menos es de lo que ahora se trata.

Hace unos días fui invitado a una reunión del grupo DIVOC Pamplona para departir sobre la situación actual del proceso Covid, la situación respecto a los niños (protocolos en los centros “educativos”, vacunación…), etc.

De primeras, una de las cosas que me animó a aceptar la invitación es que se me presentaron como un grupo de personas que se denominan “disidentes“. ¿Qué le hace ser disidente a una persona o grupo? Pues, lo primero, que son conscientes de algo… y que disienten, opinan diferente sobre ello.

Llevado esto al proceso Covid, quiere decir que no están en sintonía con la corriente oficial de opinión, que se preocupan por investigar a través de vías muy colaterales o secundarias al aparato mediático predominante, con bastantes cantos de sirena, y que discuten las informaciones que se difunden como dogma de fe a la población sumisa y que no quiere saber.

Fue una reunión muy agradable en la que vi personas de diversas edades, desde jóvenes a personas de más de setenta años. Hice una introducción de mi visión general y de mi posición particular en esta situación en la que lo vivimos como sociedad.

En lugar de dar la típica “chapa”, y ya cansado de argumentar con datos similares, rebatiendo una y otra vez las tonterías que pregonan los medios… (dándole vuelta a las mismas cosas), tras una pequeña introducción sobre mi visión sobre el asunto, abrí un turno de palabra para que las personas asistentes pudieran no sólo preguntar sobre sus inquietudes sino también compartir información y experiencias propias.

Hubo respeto en el orden de intervención, cosa que se agradece en una reunión de unas cincuenta personas. Se comentó, por ejemplo, sobre el reciente recurso judicial que se ha presentado frente a los protocolos de los centros escolares en relación con las medidas de seguridad establecidas.

He tenido el honor de rubricar como perito estas demandas realizadas por Liberum a través del despacho de abogados Montes y asociados, de Bilbao, y se han interpuesto en los juzgados de Navarra y del País Vasco. En las dos jurisdicciones se ha aceptado la demanda. Ahora toca ver si, en los próximos días, los jueces ordenan, como medidas cautelarísimas, el stop a esos protocolos aberrantes, mientras estudian y sacan a la luz el fallo sobre las demandas.

En uno de mis comentarios, les decía a este grupo de disidentes que teníamos que resistir. ¿Y qué es eso de resistir? Pues no claudicar. Ante un experimento de tal envergadura que están realizando a nivel mundial con esos fármacos génicos que pretenden llamarlos vacunas… no claudicar.

Ante el certificado vacunal, el llamado pasaporte vacunal, que ya estamos viendo que en otros países (Grecia, por ejemplo) están implementando de forma obligada para entrar no sólo en lugares de ocio sino también, por ejemplo, en los bancos…, no pasar por el aro.

¿Que no nos dejan viajar?, ¿que no nos dejan entrar en restaurantes, peluquerías, bibliotecas, cines…? Pues en lugar de irme de viaje a Bali, me voy a la playa más cercana… o al monte; o, en lugar de ir a un restaurante, aprendo con un curso de cocina e invito a mis amigos a casa…

La cuestión para poder resistir va a pasar por construir vías paralelas a los servicios y derechos que nos quieran anular: educación, economía, salud, etc. Lo que sea menos dejar que experimenten con nosotros y nos traten como corderos, como animales de una gran granja mundial.

Al día siguiente de esta reunión, todavía en Pamplona, coincidió una charla en la Plaza del Castillo a cargo de Alfonso Longo, doctor ingeniero industrial, asesor mercantil y gran divulgador desde el conocimiento del ser humano, del mundo de la empresa y del mundo de las corporaciones.

Desde casi al principio de esta farsa, en 2020 se dedicó a analizar los datos estadísticos oficiales, mostrando que las cosas no pintaban como se decía. Escucharle era un alimento en esos momentos en los que la propaganda oficial inundaba de miedo por doquier.

Bueno, pues en esta ocasión, el tema sobre el que disertó en un ambiente gélido en plena calle, fue algo así como “destapando la agenda 2030”. Su disertación, pausada y amena, nos llevó allá hasta 1715, con el protagonismo de John Law (Juan Ley, como decía Alfonso).

Esta referencia histórica la remarcó como el inicio de la difusión de la mentira en forma de propaganda, la unión a la máquina para obtener “papel-dinero”, y la construcción de empresas que no eran sino una tapadera para incrementar el acopio de “valor-papel”. Todo esto generó una burbuja inflacionaria que a los pocos años explotó, llevando a la pobreza al viejo continente.

Pasó revista a otros personajes y sociedades (Malthus, los illuminati de Babiera, el fabianismo, la sociedades eugenistas, el señor Darwin, los Rothschilds, Rockefeller, ONU, UNESCO, Club de Roma, Foro Económico Mundial…) igual de aprovechados y con ideas un tanto peculiares sobre la división de los seres humanos entre los que son los “elegidos” (o sea, ellos) y los que pueden ser prescindibles, que deben simplemente obedecer con la dinámica de palo seguido de zanahoria,

Muy interesante el repaso histórico que hizo Alfonso y que nos lleva directamente a los conceptos que hoy en día, desde el “buenismo” ideológico, se extienden en las escuelas como base para un bien común planetario a través de la puesta en marcha de la agenda 2030. Sí, ésa de la insignia que llevan en sus solapas todos nuestros políticos, rey incluido. Lobos con pieles de cordero, con ese “buenismo” discursivo a prueba de bomba…

Mi agradecimiento desde aquí a Alfonso Longo por su testimonio y por su coraje.

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