Un “Finde” de Constelaciones

Estoy asistiendo este fin de semana a un Taller de Constelaciones Familiares en Pamplona. Ya es bastante la experiencia que poseo en Talleres de este tipo (mi primer contacto fue hace cuatro años) y, cada vez que asisto a uno, me resultaría incomprensible, si no fuera por la vivencia de los anteriores. No deja de asombrarme la dinámica del Sistema Familiar.

Es complicado de explicar a una persona que no lo ha experimentado. Se trata de que, en una sala amplia, las personas participantes estemos colocadas sentadas en el perímetro de la sala dejando un espacio central, que es donde se van a desarrollar las “Constelaciones”.


El proceso lo dirige una persona, la facilitadora, persona formada en la orientación que Bert Hellinger desarrolló de la Psicología Sistémica. La persona que “va a constelar” su problema, y éste puede ser variopinto (una enfermedad, una dificultad en la vida, una conflictuación cronificada o recidivante, una adicción…), saca al espacio central de la sala a alguno de los presentes como “representantes” de lo que la persona facilitadora le encargue: de sí mism@, de sus padres, de la enfermedad, del conflicto…

Nada más salir al espacio central, los representantes se ven “movidos” por la “Energía del Espíritu”, haciéndoles moverse, girarse, mirar hacia diversos sitios, ejecutar diversas acciones, emocionarse… Parece imposible que esto pueda suceder…, pero sucede. Cada persona que hace de representante, sin tener ni idea de la persona que está presentando su “Constelación”, se transforma en fiel reflejo de lo que representa.


Entre los representantes se van entretejiendo historias, sucesos vividos por ancestros de varias generaciones atrás, se ven vínculos entre vivos y personas ya fallecidas, consecuencias de personas excluidas de las familias por la causa que fuere… , dándoles a todos estos procesos una vía de solución, que siempre pasa a través de la aceptación, del reconocimiento al hecho y a la persona que lo produjo o sufrió.

Al final de cada “Constelación” particular, que suele durar entre media hora y cuarenta y cinco minutos, dependiendo de la complejidad y ritmo de la escena, se ve la vía de solución, el acercamiento, la paz, la tranquilidad, el Amor (con mayúscula) entre los seres humanos.

Es fácil palpar en un Taller de Constelaciones Familiares que cada uno de nosotros sintoniza no sólo con su propia familia sino con todos los demás y sus distintas familias; en extensión, con todos los seres humanos, vivos o ausentes ya de este plano vital. Todos los seres humanos formamos parte de una misma red, unificada por el Amor Universal. Carl Jung ya lo conceptualizó como el “Inconsciente Colectivo”

Cada ciertos meses, tenemos la suerte de contar en Pamplona con la visita de Brigitte Champetier de Ribes, una alumna directa de Bert Hellinger. Aunque posee un Instituto de Constelaciones Familiares en Madrid, los fines de semana (de viernes a domingo) reparte su trabajo y su energía por toda la geografía española para dirigir otros Talleres de Constelaciones Familiares por “Provincias”.


Desde aquí mi reconocimiento a quienes desarrollan esta magnífica labor armonizadora entre los seres humanos. Y desde aquí, también, mi más calurosa invitación a participar en un Taller de Constelaciones Familiares a todas aquellas personas que ven que sus vidas no les pertenecen, o a quienes quieran dar con una nueva orientación a lo que les sucede en la vida y se va repitiendo sin poderlo evitar.

Aparte de este consejo general, cuando en consulta observo habitualmente la Carta Astral de las personas, detecto una serie de señales simbólicas, presencias de arquetipos, que aconsejan claramente la realización de algún Taller de Constelaciones Familiares. Es algo que tengo muy integrado, dada mi experiencia en este terreno.

Salud para ti y los tuyos.

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